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¿Por qué regalar un libro?

No hay ninguna buena razón para regalar libros, tampoco hay malas. Si me preguntan por qué regalo libros nunca recurro a alguna de esas obviedades del tipo “doy conocimiento”, “forjo el futuro de nuestro país”, “ayudo en la formación de personas pensantes”. No, la razón más sencilla y honesta para regalar un libro siempre es volitiva: me dieron ganas y ya.

Siempre hay dos clases de regaladores: quienes regalan lo que ya conocen y saben que les gusta, y quienes regalan lo que la otra persona quiere. ¿Quién tiene razón? Ambos. Siempre depende del gusto de la otra persona el que un regalo sea realmente significativo o no. Ahora, surge una pregunta que siempre nos hacemos cuando ya hemos decidido regalar un libro, ¿cuál regalo?

No quiero satanizar ninguna conducta, pero, igual que con cualquier regalo, lo más caro o lo más novedoso no siempre es el regalo ideal. Los libros en vitrina generalmente no son los libros que alguien quiere. Todos tenemos “gustitos” secretos, esas cosas que nunca le decimos a nadie que nos gustan porque creemos que nos van a tomar por enfermos mentales, inmorales, degenerados, aburridos, (añada aquí el adjetivo que usted quiera).

Lo primero que debemos saber es cuál es ese gusto secreto, a veces, pongamos un ejemplo, la ropa nos indica estas cuestiones aunque no es un método 100% confiable. Quizás una persona que siempre prefiere ir vestida de negro es fan de libros policiales, de horror, de vampiros o de zombies. Otro criterio es la moda: si quieres regalar un libro a alguien que sólo lee porque le gusta presumir que lee, cualquiera de los libros anteriores es un excelente regalo porque están de moda.

Un error común es asumir que los clásicos son “neutrales” en cuanto a que nunca se meten a tratar problemáticas sociales, religiosas, políticas, etc. Crimen y castigo de Dostoievski es el relato de un martirio moral que además se extiende al lector no sólo por los sufrimientos y cuestionamientos del personaje, sino por sus cientos de páginas que parecen no tener fin. Quizás el caso más paradigmático de un libro clásico ultra escandaloso sea la Comedia de Dante, especialmente el “Infierno”. Dante es un crítico implacable de su tiempo, al grado de “condenar” al infierno a pontífices, obispos y reyes, entre otros. Sea como sea, para quien prefiere la lectura de largo aliento, los clásicos son buenos cumpliendo este parámetro.

Una vez que sabemos cuál es ese gusto oculto, la manera más sencilla de saber cuál libro trata sobre eso es preguntar. En la mayoría de librerías, quienes atienden a los clientes saben bastante de lo que conservan en sus anaqueles, es sólo cuestión de pedirles ayuda e indicarles el tema. De hecho, pero esto no lo vaya usted a divulgar, esas preguntas les alegran la tarde, así que hay ahí otra razón para llegar a preguntarles.

La última recomendación: cuando ya sabemos qué libro es el indicado para regalar siempre es bueno darse una vuelta por las librerías de viejo. Libros usados, sí; libros viejos, a veces; libros feos, nunca. Lo que buscamos cuando vamos a una librería de viejo es el precio. Para quienes tienen los bolsillos apretados, esta es una excelente opción.

Para quienes prefieren la lectura corta, los cuentos o las minificciones son lo que quieren; para los intelectuales de clóset, siempre puede recurrirse a libros de historia, poesía, filosofía; para los tímidos, no hay mejor remedio que un libro atrevido; para quienes no salen mucho de vacaciones, libros de aventuras; para los amorosos, novelas de amor (aquí me permito recomendar Noches blancas de Dostoievski). Para todos hay un libro adecuado, la verdadera pregunta no es la que da título a este texto, sino, ¿por qué usted todavía no regala un libro?

Publicado originalmente en Contacto, Guadalajara, diciembre, 2010.

Imagen Vía Gentedellibro

Poesía y brevedad: a propósito de Boa de Ángel Ortuño

La fuerza de los géneros breves de la literatura es directamente proporcional a su longitud. Máximas, aforismos, apotegmas, sentencias, epigramas, todos son muestras del pensamiento condensado, de la idea capturada, a modo de instantánea, en una vasija de palabras. El aforismo, en palabras de Steiner, “se acerca a la condición de la poesía” por la impresión profunda que conlleva, por la aspiración de permanencia que su intensidad intenta y por la ardua tarea que conlleva la construcción de significados por parte del lector. El aforismo siempre implica armar un rompecabezas, pero también implica estar consciente de que nunca habremos de armarlo por completo: habrá piezas sueltas que señalan otras maneras de armar o piezas ya ensambladas que parezcan más propias de otros rompecabezas.
Lo verdaderamente atrayente de la brevedad es el ingenio. La puesta en escena de actores tan diversos que aprenden a convivir del mismo modo que una metáfora dentro de un poema. El breve sablazo de autoridad y austeridad propio del aforismo está presente, con mayor o menor frecuencia, en Boa (Mantis, 2009) de Ángel Ortuño (Guadalajara, 1969).
Las sentencias frías y definitivas pueblan los últimos versos del poemario e indican una frecuente alusión interna a otras sentencias. Uno de los puntos bajos de este conjunto de poemas es su heterogeneidad: las múltiples formas métricas, la falta de coherencia general con respecto a un tópico o idea central, varios factores confluyen para indicar que nos encontramos ante un trabajo poco estructurado. Sin embargo, la cohesión se logra, al menos aparentemente, mediante la brevedad.
Invariablemente, tras la lectura de un poema cualquiera siente el lector la sensación de vacío, como si fuéramos conducidos a través de un embudo y no supiéramos cómo ni cuándo acabamos de bruces en el suelo. De ahí provenga, quizás, la consiguiente sensación de desconcierto o confusión que cada texto genera, no tanto con respecto a su significado como a la desalmada disposición de los versos.
Locutorio
No sé dibujar
sino pies egipcios, escribir
en las paredes de una cabina telefónica
en El Cairo, suicidarme
La constante aparición de cesuras, los encabalgamientos que nos obligan a mirar atrás en busca de referentes (en muchos casos inexistentes) dan pie a este sentir. Pero debe aparecer hacia el final del poema la sentencia que otorgue un dejo de narratividad a los poemas, que fuerce al lector a buscar entre sus restos y escuetas pinceladas la respuesta a la famosa pregunta académica: ¿Y esto qué?
y tal vez
conducir ambulancias.
Nunca he sido un gran afecto a la poesía callejera contemporánea, es decir, la poesía que se ciñe a la expresión cotidiana de lo cotidiano. Y permanezco en mi postura, especialmente en el caso de la poesía mexicana contemporánea que parece hundirse cada vez más en el fango de sus autoadulaciones. Sin embargo, en Boa hay una constante sensación de sentirse invadido, como si las palabras leídas en realidad las susurrara un ángel caído a nuestras espaldas, mientras bebemos la taza de café en compañía de un cigarrillo y el constante alarido de los automóviles.
Como en Charles Simic, en Ortuño hay un elemento sutil y poco visible que se apodera de los poemas y toma al lector por el cuello: la obsesión por el detalle, la minúscula observación de las vanidades. La contemplación de las cosas las cambia, las transfigura. Un hombre, bien mirado, podría llegar a ser un despojo; con un lente adecuado, la Conquista de México puede llegar a ser el Diluvio bíblico atrasado; una boa que digiere un elefante puede, sin duda, ser un sombrero.
Esta retórica de la ilusión, de la mirada engañosa (en la misma forma que una boa traza su irregular paso), contribuye al sentido de invasión privada, como si los poemas nos indicaran directamente como los únicos receptores posibles. Añádase la inclusión de frases del siguiente tipo: “Por supuesto”, “Desde luego, me dirás”, “tengo pruebas de ello, por si me lo preguntan” y queda claro que la cotidiana expresión en la poesía de Ortuño se construye en la expresión y no en el significado.
Igualmente desconcertantes son los títulos de los poemas. Si entendemos un título como una guía sumamente condensada (quizás la forma más compacta del aforismo) de lectura, los títulos de estos poemas no cumplen su función. Ahora bien, la repetida incursión en aparentes extravagancias del tipo: "Habilidades premórbidas", "Experimentos de desconexión funcional", "Suma de indecorosa apropiación" como títulos que guardan una dudosa relación con su contenido, esta constante aparición sólo puede indicar un deliberado intento de ampliar las posibilidades de lectura del poema. Aquí, más que en cualquier otro lugar, entra en juego la llamada retórica de la ilusión: el engaño consciente del lector le da un espacio prácticamente ilimitado para deliberar sobre los poemas. Sumamente apreciable es la relevancia que nos otorga como lectores y la puesta en práctica de una verdadera multiplicidad de lecturas. No son sólo los poemas los responsables del significado, los títulos condicionan, permiten o relativizan cualquier lectura definitiva que se quiera dar al poema (en este caso, asumiendo un experimento deliberado en Ortuño, sólo quedaría como fallido el primer poema de la serie "Historia natural y moral de las Indias", el cual es bastante transparente en cuanto a la relación título-contenido del poema).
Ángel Ortuño no posee la falsa intención callejera de ahondar en las profundidades de la vida y la muerte mediante lo cotidiano. Antes bien, condena la cotidianidad a su existencia mundana (en el sentido más literal de esta palabra) y deja que la ironía y la nota mordaz se apoderen del texto. No es la suya una mirada triste, sino desencantada; pesimista, antes que realista; mordaz, antes que burlesca. Y con respecto a la función social de la literatura irónica, “comédica” (la palabra “cómica” implica otras cuestiones), mordaz, no soy yo el mejor expositor. Léase a Molière.

Imagen Vía Mitología Paraná

Discurso del acto académico de Letras

Me pidieron que les enviara este discurso y he decidido ponerlo aquí. Una muestra, más o menos fiel, de por qué Don Reyes nos ha catalogado como la generación de Los raros.

"Estimados asistentes, buenas tardes. Me encuentro frente a ustedes con la honorable labor de negar una serie de cuestiones. No es este el mejor momento ni el mejor lugar para las quejas, así que habrán de quedar de lado, lamentablemente. No pretendo hablar del futuro, las predicciones las dejo para nigromantes que seguramente debe haber por aquí. Si hablo del futuro con ustedes, quiero hacerlo hablando del pasado y del presente.

Recuerdo que hace casi cuatro años tuve una experiencia particular. Terminaba el semestre y un amable profesor, de cuyo nombre habrán de abstenerse, llevaba, cual adarga en ristre, una lista bajo el brazo. Después de sentarse y llamar a varios de los aquí presentes, llegó mi turno. La cuestión es muy sencilla, me dijo, ¿qué calificación mereces y qué calificación merezco? Obviamente, yo le espeté el primer número irreal que se me vino a la mente y él no estuvo de acuerdo. Le concedí un número altísimo y me vi forzado a justificarlo. Mira, don Profesor, la verdad, tu clase fue nefasta, me salí en varias ocasiones por tu continuo acoso a mi supuesta estupidez y jamás vi una retroalimentación de tu parte que fuera medianamente razonable, ¿por qué te doy esa calificación tan paradójica?, me preguntas.


Bueno, provocaste algo en mí que fue muy benéfico (y a la fecha sigue siéndolo): comprendí el concepto de duda razonable y jamás he vuelto a confiar en las palabras de un profesor; comprendí que en el tubo de ensayo que llamamos salón de clases sólo surgen experimentos, nunca conclusiones; comprendí que tu labor no es la del comprensivo y experimentado guía, sino la del despiadado buitre prometeico; comprendí el valor de los libros que no has leído y que incluso desprecias, la multiplicidad de voces que gritan en tu contra en las salas de una biblioteca; comprendí la razón que llevabas cuando me llamabas estúpido por el simple hecho de ser incapaz de devolverte el epíteto con justicia. Largo tiempo dije estas y otras cosas. Finalmente, nos insultamos con sincera cortesía y respeto y aceptamos nuestras respectivas evaluaciones.


Damas, caballeros y nigromantes, si recuerdo este episodio en este momento, no es sólo para hacer que este acto sea un poco más llevadero, menos académico y se alargue hasta cubrir el tiempo por el que nos han concedido este auditorio. Este relato, un tanto prodigioso y exagerado, es en buena medida una premonición de lo que supone la labor del estudioso de las Letras.


Quien quiera de ustedes, auditores, que se haga llamar Licenciado en Letras sabe que nuestra disciplina carece, de manera más o menos general, del rigor científico que otras áreas del conocimiento ejemplifican. Sabrán también que, por más bello que suene, la poesía, la literatura, no son el fin de una investigación académica. Sabrán, o supondrán, que fuera de este auditorio y dentro de él, el mundo nos es hostil y si no perteneciera a ustedes, también me odiaría. En este punto de mi habladuría, confío en que hallarán la manera de no condenarme a la misma suerte de malentendido que sufrió el “Ciego Dios” de Alfredo R. Plascencia sin haber escuchado el resto de la diatriba.


En este momento, compañeros y asistentes, no considero que estoy saliendo hacia el mundo como un profesional renovado, más bien me siento alumbrado como un activista más en la guerrilla del conocimiento. Mis armas, nuestras armas, no son nuestras plumas, como tanto nos han inculcado, sino nuestros libros. Nuestras ideas no son suficientemente poderosas contra el muro que se cierne sobre la Cultura con mayúscula.


Me siento gestado durante cinco años, alimentado con una composta hecha de libros aparentemente rancios e inútiles, miles de palabras sabias que aún resuenan en los corredores y que ahora comienzan a sonar a vanidades. Si hay una guerrilla, es sólo porque no somos aún lo suficientemente respetados fuera de nuestro propio círculo de focas chacoteras. Un lustro ha sido necesario para que podamos comprender, en toda su crudeza, la paradoja del mito de Prometeo, y yo me rehúso terminantemente a ver cómo los buitres se alimentan de mí.


Damas, caballeros, nigromantes y guerrilleros, ¿cómo puedo hablarles de nuestro futuro, como dicta la tradición del optimista orador, si las bases de nuestro presente se han asentado sobre otros que no somos nosotros? El respeto por nuestra profesión fuera de ciertos círculos es prácticamente nulo: ¿quién de ustedes no se ha encontrado con alguien que diga: “Qué bien, yo siempre quise estudiar Letras, me encanta leer” o “¿Estudias Letras? ¿Y en qué letra vas?”?


El letrado no debería ser aquel que se ha dejado seducir por todo lo que contiene letras, sino aquel que logra entender la magnitud de este fenómeno. Decía Antonio Porchia: “Cuando crees que me has comprendido, has dejado de comprenderme”, y es que entender la pluralidad de campos donde las letras ejercen un rol fundamental implica un proceso de reaprendizaje, apropiarse nuevamente de lo que creíamos comprendido. Y es que, en este sentido, nuestra labor como guerrilla del conocimiento se asemeja a las innumerables lecturas posibles de una sola obra literaria.


Si hemos de convertirnos en algún personaje de los tantos que conocemos, los exhorto a que seamos como Eco y aprendamos a convivir con todas las voces que resuenan dentro de nuestra propia voz, que reconozcamos, en el eco creciente de nuestras palabras lo que nos es propio y lo que no. Jean-Paul Sartre explicaba cómo es que “estamos condenados a ser libres”, damas y caballeros, yo he intentado mostrarles cómo es que estamos condenados a abolir incesantemente el escarnio público en nuestra contra y a hacer con nuestras voces un ariete que nos libere de la condena.


Gracias."

Luis Vicente de Aguinaga: Fractura expuesta

Como tengo cosas que hacer para la clase del Reyes y como no quiero que pase un minuto más para invitarlos, voy a hacer una "analogía sintáctica" del correo que Luis Vicente nos envió para la presentación de su libro de poemas Fractura expuesta publicado por la editorial Mantis (a. k. a. Luis Armenta Malpica, editor).
Es un libro de cien páginas (o un poquito más) en el que - dice el autor- parece haber encontrado sitio y orden para muchos poemas escritos, digamos, de Reducido a polvo hasta la fecha, pero también para tres o cuatro poemas e incluso alguna traducción de hace más tiempo (decía tiempito, pero ya editamos esa parte para no mencionarla).
Los nuevos libros de Mantis, incluido el de Luis Van Sant, serán presentados el sábado 29 de noviembre, a las 16:00 horas, en el salón Elías Nandino del Centro de Negocios de la FIL, aquí en Guanatos. ¡No falten!

(nos costó un trabajal reescribir la invitación).

Ricardo Sigala

Yo siempre he creído (y él nunca lo ha desmentido) que Ricardo Sigala tiene una imagen de director de orquesta o, por lo menos, de músico pero no de escritor.
La primera vez que vi a Sigala no creí que fuera él. No tenía cara de Sigala ni porte de Sigala y su mirada de taumaturgo en suspenso reflejaba ese punto medio entre la carcajada contenida y la sorna declarada. Inevitablemente recordaba el "Encuentro con Enrique Lihn" y repetía de nuevo: "Sigala ya no se parece a Sigala sino a un actor de Hollywood, pero al mismo tiempo era Sigala, aunque ya no se pareciera a él". Resulta que estaba equivocado.
La voz narrativa de Ricardo Sigala es una más de esas voces olvidadas por los tapatíos, e incluso por él mismo. Máximas artificiosas, proverbios insoslayables y sentencias de crudeza tal que amoratan al lector endeble, inundan sus Paraíplos, los cuales he tenido oportunidad de releer recientemente.
En el mundo de oficina de este simpático personaje en la fotografía surge una pregunta sincera, lógica y extraña: ¿Dónde ha quedado el paraíso? Viajeros, habitantes y moradores imposibles conviven en este libro donde la mitología griega y la cristiana se reúnen para gestar el jardín del Edén.
Al entender la "antitrama" de la novela poética de Sigala, es oportuno el recuerdo de aquel "Cuento futuro" de Leopoldo Alas "Clarín" donde se narra la historia del fin del mundo y cómo los únicos dos sobrevivientes (incluido el asesino de la humanidad) encuentran el dichoso jardín prohibido y...bueno, la historia vuelve a repetirse. Pero, a pesar de esa engañosa indumentaria de escritor y de su cercano parentesco con el misterioso animal descrito por Arreola, Sigala no narra el fin, ni el inicio, ni las partes intermedias; no narra nada. Por eso "más de alguno en el camino ha preguntado por la región llamada Ningún Sitio".
Las páginas de los Paraíplos despiden un hálito cercano a la melancolía o la añoranza, pero Sigala no cuenta nada. No es él quien está a cargo de la narración. Hombres, ángeles, leviatanes, behemoth, anfisbenas, grifos, chalkis, gimnosofistas, criaturas varias componen y convergen en un mundo que sólo puede llamarse Paraíplos. Pero estos periplos no están destinados, ni dirigidos, ni llevados a cabo por ninguna de estas criaturas; es el peris el que prevalece a lo largo del libro, paraipleros somos todos los lectores, habitantes de esa doble cotidianidad que componen el mundo cotidiano y la literatura: "El hombre inmortal que por alguna razón ha alcanzado el emblema de edenita, piensa siempre en otro mejor lugar, quizá en otro imposible paraíso, si es queaún conserva algo de hombre".
Asesor de Clandestino. El opúsculo (Revista literaria del TEC de Mty), miembro del consejo editorial de la revista Reverso, autor de los libros Periplos. Notas para un cuaderno de viajes (Ed. Plenilunio, 1995) y Paraíplos (Arlequín, 2001). Juez de varios concursos literarios, tallerista, editor de la Gaceta del CuSur de la Universidad de Guadalajara y director del departamento de Letras del mismo centro, Ricardo Sigala es uno de esos tantos anti-iconos que deambulan las callejas tapatías con la misma avidez que un caracol salado. Pero es uno de esos caracoles dignos de la pluma de Günter Grass.




El Kamasutra de la lectura


Via Flickr por oddlibrarian

La librería


Enlace| "La librería obvia" en Microsiervos

"Indolencia"


INDOLENCIA

¿De mi indolencia acaso
conoces el secreto?
¿Sospechas tú siquiera
lo que llevo aquí dentro?...
Porque me ves tendido a la bartola,
saboreando el denso
humo de mi cigarro, distraído,
y con la vista lejos,
¿ya quieres contemplarme desde lo alto
de tu embrionario y mísero cerebro?...

¡Pobre bestia de carga
que conoces el látigo y el diestro!
¡Mulo de noria! Sigue
tu voltear eterno.
Echa sudor, jadea,
resopla como fuelle que infla el viento,
híspete luego y grita
que a fuerza de labor ganaste el pienso.

Truena de justicia,
pon el grito en el cielo
porque también para mi pecho hay aire
y sol confortador para mis miembros.
Y en tanto te enronqueces
ponderando la gloria de tu esfuerzo,
déjame a mí vivir cuando me plazca
en la vida ultranoble del silencio...

¡No alcanzarán tus ojos,
por más que empines el menguado cuerpo,
a divisar la punta de las alas
del que vuele más bajo de mis sueños!...

ENRIQUE GONZÁLEZ MARTÍNEZ
En El poeta y su sombra
(FCE, México, 2005)

Imágen| "Fallen" por photobunny

Calcas para la Biblia


Creacionistas o evolucionistas, la cosa es que en algunas escuelas gringas se están dando con todo para demostrar que uno u otro "hecho" es sólo una teoría.

Vía| Menéame
Un planeta con canas

Presentación de "La oportunidad y otros relatos"

El próximo miércoles 25 de junio el Profe Marco Aurelio Larios presentará su libro "La oportunidad y otros relatos" bajo el sello del proyecto editorial independiente "La Zonámbula" el cual "surge en Guadalajara con la finalidad de publicar obra literaria –poesía, cuento, novela– sin fines de lucro tanto de escritores con trayectoria como de nuevos autores, principalmente de Jalisco." La cita es en La Mutualista, lugar de culto frecuentado por escritores y otros teporochos de oficio. Ahi nos vemos.

Verano de la poesía en Guadalajara


Para la organización de este evento se prescindió de un presupuesto exagerado, en cambio la organización y las espectativas que ha generado en su servilleta este Verano de poesía en Guadalajara me hacen pensar en la cantidad de tiempo que se tuvo que invertir. Hoy ha comenzado y sería mala idea no asistir. La entrada es gratuita en todos los casos, sin embargo, para los talleres de poesía y de crítica de poesía hay que inscribirse con Vanessa García Leyva ( vanessa.garcia@redudg.udg.mx). Gracias a Luis Vicente por la invitación y por rolar el programa que transcribo a continuación.

Domingo 15 de junio
Rambla Cataluña (Juárez y Escorza)
10:00 a 14:00 horas.- "Mercado de la poesía” (venta y sorteo de libros)
10:00 y 11:00 horas.- Lecturas de poesía para niños a cargo de Martín Mérida
10:30 y 12:00 horas.- Taller de poesía para niños coordinado por Karla Sandomingo

Lunes 16 de junio
Casa Julio Cortázar (Lerdo de Tejada 2121)

10:00 a 13:00 horas.- Taller de poesía coordinado por Julián Herbert (continúa el martes 17 y el miércoles 18)

Paraninfo Enrique Díaz de León (Juárez 975)
19:00 horas.- Inauguración de las Jornadas Académicas: conferencia magistral de Hugo Gutiérrez Vega sobre la poesía de Francisco González León, Enrique González Martínez y Alfredo R. Placencia

Martes 17 de junio
Ágora del ex-Convento del Carmen (Juárez 638)
Jornadas Académicas: "Tres modernistas jaliscienses”
10:00 horas.- Mesa redonda sobre Enrique González Martínez. Participan: Ángel Ortuño y Luis Vicente de Aguinaga
12:30 horas.- Mesa redonda sobre Francisco González León. Participan: Luis Alberto Navarro y Jorge Orendáin
17:30 horas.- Mesa Redonda sobre Alfredo R. Placencia. Participan: Carlos Vicente Castro, Raúl Bañuelos y Juan José Doñán

Librería del Fondo de Cultura Económica (Chapultepec 198)
20:30 horas.- Lectura de poemas y diálogo con Julián Herbert, Luis Armenta Malpica y Carmen Villoro

Miércoles 18 de junio
Ágora del Exconvento del Carmen (Juárez 638)
19:00 horas.- Lectura de poemas y diálogo con Elsa Cross

Casa Julio Cortázar (Lerdo de Tejada 2121)
20:30 horas.- Presentación de Dríades, libro de poemas de Cristina Preciado

Bar Primer Piso (Pedro Moreno 947)
“Poesía para trasnochados”
22:00 horas.- Presentación de la revista Metrópolis y del proyecto Motín Poeta. Participan: Rocío Cerón, Mónica Nepote, Carlos Vicente Castro y Ángel Ortuño

Jueves 19 de junio
Casa Zuno (José Guadalupe Zuno y Unión)

10:00 a 13:00 horas.- Taller de crítica de poesía coordinado por Luis Vicente de Aguinaga (continúa el viernes 20)

Centro Cultural Casa Vallarta (Vallarta 1668)
20:30 horas.- Lectura de poemas y diálogo con Jorge Fernández Granados, Ricardo Castillo y Jorge Esquinca

Viernes 20 de junio
Ágora del Exconvento del Carmen (Juárez 638)
20:00 horas.- Entrega del Premio Juan de Mairena a Ernesto Flores y clausura del festival

ENLACES| Cultura UdG
Descargar el Programa en PDF

Pornosonetos de género

Nástenka recomendó la lectura de unos Pornosonetos que encontró en Internet. Estos divertimentos son obra de argentino Ramón Paz quien ha publicado ya tres volúmenes en VOX editorial y tal parece que tiene una "alumnita" (Luisa Kaufman) que complementa la lectura de cóncavo y convexo en los sonetos. Mostraremos dos ejemplos, uno de cada autor, un Pornosoneto a secas y otro Pornosoneto femenino. La elección sí es arbitraria, aunque he de ser indiscreto: el que no es Pornosoneto femenino es el favorito de Nástenka, pueden verlo por las tardes, acalorado, declamándolo al oído - húmedo - de su amada.

Mi negra de mi alma ando caliente

mi negra de mi alma ando caliente
pasaron muchos días sin cogernos
por qué se vuelve tan difícil vernos
por qué nos eclipsamos entre gente
hoy te hubiera pegado una cogida
que no te imaginás toda la verga
que tengo para vos y se posterga
y cada vez la tengo más erguida
te quiero regarchar como te gusta
chupándote las tetas victoriosas
diciéndote al oído muchas cosas
mientras la verga entera te entra justa
te quiero ver desnuda verte a solas
tengo un camión de sáncor en las bolas

*

Cogernos en un cuarto con espejos

cogernos en un cuarto con espejos
potencia los deseos al cuadrado
al ver cómo el placer multiplicado
se expande y se contrae en los reflejos
de cópulas y espéculos amables
banquetes que nos colman los antojos
las ganas de rodearnos con los ojos
espaldas nucas culos adorables
yo soy esa morocha que te besa
y vos el tipo que con fuegos lentos
hará girar la rosa de los vientos
en ángulos y aristas de la pieza
uniendo esa pareja y este abrazo
en la cama que surca el cielorraso

ENLACES| Pornosonetos de Ramón Paz
Pornosonetos femeninos de Luisa Kaufman

Las ventanas de la urbe

Artículo de Verónica de Santos publicado en Gaceta Universitaria No. 523 del 21 de Abril del 2008 (Foto: Francisco Quirarte)

Visibles o invisibles, las ciudades necesitan de alguien que las cuente, de alguien que las configure plenamente ante los ojos de propios y extraños, alguien que sepa observar y describir la ebullición de sus habitantes, el crochet de estambres anónimos que chocan entre sí en el marco de edificios y calles, callejones, plazas, parques y camiones, hilillos que se anudan con gracia y se revuelcan gozosos o miserables sobre la tinta de quien las cuenta.

Este oficio es intermitente y pasa de un momento a otro, de una persona a otra, de un blog a un periódico, de un libro a una canción, a una plática con el vecino. Pero también hay personas dedicadas a oír el pulso de la ciudad, sus mil distintas miserias y otras tantas linduras. En Guadalajara, uno de ellos es Marco Aurelio Larios.
Nuestro personaje en cuestión, diría Vargas Llosa, está llegando a “la flor de la edad”. Y quizá no yerre tanto la expresión, pues en los últimos años, Larios ha acumulado significativos galardones literarios, reimpresiones y nuevas publicaciones en distintos sellos editoriales. Ahora mismo, por ejemplo, prepara la salida de un nuevo título, La oportunidad y otros relatos, para La Zonámbula editores; además de que escribe, una o dos horas diarias, de lunes a viernes y con dos tequilas de por medio, una novela basada en el historiador mexicano del siglo XIX, Joaquín García Izcabalceta.

A la fecha, tenemos acceso en librerías y bibliotecas a otros tres títulos suyos: una novela, una compilación de cuentos y un delicioso discurso retórico.
El cangrejo de Beethoven es la novela publicada por Fondo de Cultura Económica y ganadora del premio Juan Rulfo al que convoca el INBA. Son 173 páginas hirsutas, sobre una chica que alucina con sinfonías, en el trayecto del camión de su casa en Santa Tere a la Prepa 1 y viceversa, acompañada de un iluso y terco enamorado. El escenario y el modus vivendi de estos personajes está lleno de referencias conocidas: el teatro Degollado, el Cabañas, la plaza Tapatía… lo que nos deja la clara impresión de que nuestras propias historias podrían ser esas mismas o sus muchas variantes.

La compilación de cuentos es una edición de la Universidad de Guadalajara, titulada La música y otras razones para contar. Historias breves basadas en personajes apasionados que giran, lo mismo que en El cangrejo, sobre el eje del erotismo, el sonido y el silencio.
Pero es Erato, ars amatoria en Guadalajara, el título que más bellezas me ha develado y el de estructura más singular. De inspiración griega, Erato es un personaje-narrador que en una mesa de La Mutualista deja caer las monedas en la sinfonola para hacer fondo a su cátedra de técnicas, teoría y prácticas eróticas, especialidad a la que debe su nombre. Es un libro pequeñito editado por Arlequín, que muchas veces pasa desapercibido en los estantes frente a otras portadas más vistosas. Erato es un diálogo en el que nunca habla el aprendiz, es el soliloquio de una mujer bien fraguada en las sábanas de la vida y los sitios públicos de Guadalajara, una guía práctica- poética para conseguir cariños y favores en la urbe y, además, un retrato de las posturas, prejuicios y actitudes de esta sociedad frente al arte amatorio.

Los relatos de Marco Aurelio Larios, en fin, demuestran que el primor de los paisajes se determina por el ingenio de quien los narra y que las vidas cotidianas son tan estéticas como las de cualquier ciudadano cliché, dígase neoyorquino, parisino o londinense. Recomendable, por lo tanto, para dar a leer a toda la gente, para ver con nuevos ojos los parajes que nos rodean.

Max Aub "Crimenes ejemplares"

Me resultó imprescindible en vacaciones de Semana Santa. Me estoy riendo aún. El precio también está de risa, así que no hay pretexto: treinta pesos ($2.5 usd) aproximadamente con editorial ESPASA. Por acá comentan una edición ilustrada.
Era tan feo el pobre, que cada vez que me lo encontraba parecía un insulto.Todo tiene su limite.
  • Dormir es suicidarse un poco cada noche.

-Usted es soltero

-¿Cómo lo sabe?

  • Llámanlo el sueño eterno.Como padezco de insomnio,pruebo.
  • FE DE ERRATAS:

    Donde dice:
    La maté porque era mía.
    Debe decir:
    La maté porque no era mía

Ciclo de conferencias: "Arte y posmodernidad"


A partir del lunes 21 de Enero en el auditorio Adalberto Navarro Sánchez del CUCSH habrá un ciclo de conferencias impartidas por el Doktor Marco Aurelio Larios que culminarán el día 24 de enero.
A continuación algunos puntos sobre el asunto que serán de interés general:
  • "Arte y posmodernidad" es el tema.
  • Inician a las 17:30 horas; son cuatro sesiones de dos horas cada una aproximanamente.
  • Las conferencias estarán abiertas al público.
  • Habrá control de asistencia a fin de buscar una constancia con valor curricular del "ciclo de conferencias".
  • Para los alumnos de la UdG: el curso no tiene valor para los créditos de la carrera, ni sustituye ni se canjea por algún curso de la licenciatura.
  • La constancia tiene valor para el currículum vitae de quien asiste, nada más.

Nos vemos por ahi entonces.

¿Quién es Juvencio Nava?


¡Cuidado! Parece que atacará de nuevo padroteando sobre la Postmodernidad. De acuerdo a nuestra fuente, nació en Guadalajara, Jalisco, en 1959. Hizo estudios de Licenciatura en Letras y Maestría en Letras y Literatura Españolas e Hispanoamericanas en la Universidad de Guadalajara, y es DoKtor en Filosofía por la Universidad de Viena, Austria. Ha sido antologado en varias publicaciones literarias de Jalisco y ha colaborado en revistas y periódicos locales y nacionales. Obtuvo el Premio de Publicación de Obra Literaria convocado por la Universidad de Guadalajara en 1994, con su volumen de cuentos La música y otras razones para contar (EDUG, 1994; 1a. Reimpr. 1997; 2a. Edición, 2000). Ganó el Premio Juan Rulfo para Primera Novela 1998 convocado por el Instituto Nacional de Bellas Artes y el Gobierno de Tlaxcala, con su nalguísima novela El cangrejo de Beethoven (Fondo de Cultura Económica,2002). Ha publicado también Erato. Ars amatoria en Guadalajara (Ediciones Arlequín, 1998). Forma parte del comité editorial de la revista Luvina. Arte y literatura de la Universidad de Guadalajara y del suplemento cultural del periódico El Occidental. En la actualidad es Coordinador de Investigación y Posgrado en el Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño de la Universidad de Guadalajara. Y es Académico de lo Ficticio...
(Herr Doktor, estoy en contra de la apología de pasillo, ya me voy a portar más o menos)

Mi rostro


Mi rostro

En el agua veo mi rostro
no es éste que ves.

El agua no es espejo.

Mi puro yo
está más allá
de lo que soy

-Humberto Ak´abal
de Tejedor de palabras (1996)

El gran niño en el FCE

El proximo sábado 25 de agosto al medio día y a las 5 de la tarde, Yola Ramírez presentará su libro"El Gran niño" en el Fondo de Cultura Económica, nos vemos por ahi.

La melancólica muerte del chico ostra

De acuerdo a la reseña de la librería "En este libro (Tim Burton) se muestra fiel a su universo de una inventiva tan particular, en la que se mezclan la crueldad y la ternura, lo macabro y lo poético. Tim Burton nos ofrece una asombrosa galería de niños solitarios, extraños y diferentes, excluidos de todos y próximos a nosotros, que nos van a horrorizar y enternecer, a emocionarnos y hacernos reír".

Publicidad en Librerias Gandhi

Sin lugar a dudas son de los mejores en hacer publicidad para un tema tan poco recurrido como lo es la lectura y lo hacen muy bien. Tengo ya varios de los separadores de esta nueva publicidad sacándo provecho de algunas de las portadas de los discos más emblemáticos de artistas como Sex Pistols, Los Beatles, Metallica y Kiss con su tipografía para colocar los nombres de escritores como Borges, Carlos Monsivais y Herman Hesse entre otros.
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** Actualización: Encontré la colección completa (nada meritorio, es fácil encontrar la colección), basta con dar clic a la siguiente imágen de Lord Maiden:

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