¿No saber = más ansiedad?

Antes que nada, disculpen mi inconstancia pero, de nuevo, aquí publico un tema que he querido tratar desde hace por lo menos un mes. Leyendo las ciberpáginas del diario EL PAÍS encontré un artículo "interesante" (me encanta la ambigüedad de este término) que quiero apuntar.
Se ha hablado tanto acerca del saber, desde los iniciadores de la filosofía hasta nuestros vagabundos contemporáneos, que es difícil precisar en gran medida su significado actual (Cfr. el libro Creer, saber, conocer de Luis Villoro), cosa que no intentaré hacer ahora y que creo está bien resumida en la frase "Yo sólo sé que no sé nada" del gran Calígula (creo). La imagen que acompaña a este texto es una ilustración de mi opinión sobre el asunto pero, como siempre amabilísimo lector, tú posees el poder de desopinarme.
Sin embargo, ¿qué tiene esto que ver con la ansiedad, tema que realmente nos ocupa? Y segundo, en caso de que tuviera algo que ver y que la sabiduría generara ansiedad, ¿qué es lo que ansiamos o lo que nos pone "ansiosos"?
El artículo citado trata sobre la "problemática" y el por qué de la actividad religiosa, además de la búsqueda de la dichosa "zona de Dios", presumiblemente ubicada en el cerebro (cerca de la zona Coca-Cola, creo), y en la cual los científicos depositan sus esperanzas de esclarecer si Dios nos hizo o el hombre lo hizo. Este rastreo, sería comparable a otro tipo de investigaciones en otras áreas científicas, como la física o las matemáticas, donde se han intentado encontrar la partícula de Dios y la fórmula de Dios (pseudocientífica), respectivamente.
Las cuestiones "interesantes" surgen en pleno desarrollo del texto cuando se ponderan distintos puntos de vista, particular y lamentablemente los de los psicólogos, disfrazados de antropólogos y sociólogos.
Según comentan, la religión (independientemente de su depositario legal, i.e. Dios) tiene distintos roles en la actividad humana. Uno de los más importantes (con el que concuerdo parcialmente) es el de anestésico o calmante en cuanto a los "problemas fundamentales" de la vida: la muerte, la postmuerte y la previda. A este respecto:
También coinciden Carbonell y Gómez Pellón al señalar el papel "calmante" de la religión. "La religión ayuda a controlar la ansiedad de no saber", dice el antropólogo. "Cuanto más se sabe, más se sabe que no se sabe. Y eso genera ansiedad". (Enlace EL PAÍS)
Si acomodamos esto en forma de ecuación tenemos (disculpen las matemáticas pero tengo que parecer inteligente): ∑saber < |no saber| ⇒ ANSIEDAD. En otras palabras, esto es "La suma de los saberes es menor al valor absoluto de no tener idea de lo que sabes, por lo tanto esto genera ANSIEDAD. Independientemente de su validez lógica, el enunciado tiene algo muy interesante: falta de sentido. Aquella famosa frase que citamos al inicio no se refiere de ninguna manera a la conclusión del antropólogo.
Recuerdo algunos comentarios sobre el Carpe diem horaciano, las Odas de Ricardo Reis o cualquier libro de Émile Michel Cioran, y la mayoría coincidían en que éstos son poetas (incluyamos a Cioran) "tristes". El hecho de que estos poetas recuerden la finitud o el sin sentido (aparente) de la vida, no es una cuestión triste. Que yo sepa, nadie se ha atrevido a decirle que no a la muerte, hasta el más pobre tiene, de alguna forma, el óbolo para el barquero sombrío. Sí, la reflexión sobre estos temas "trascendentales" pueden llevarnos a la mayoría a ser "pesimistas" y al refugio que otorgan las religiones, diseñadas específicamente para cubrir tal necesidad, pero esto no representa menos o más ansiedad con respecto a saber o no saber nuestro futuro. Hay una racionalización (por más disparatado que pueda sonar) o una equivalencia de la muerte y la vida futura como un "buen porvenir" y de la incertidumbre y la inmanencia con un "sinvenir", algo negativo y que puede ser angustiante. El factor angustiante no está en ningún cerebro, está en la cultura, eso en lo que todos estamos inmersos y de lo que nos es imposible huir.
Estoy empezando a tener una tendencia al resumen. Si ponemos este artículo en fórmula, refiriéndonos a lo que el lector debería, pero jamás está obligado a conceder, tenemos: ∀ x: P(x) donde P es "La pseudociencia" y x=pendejo; significa: P(x) es verdadera para cualquier x o La pseudociencia es verdadera para cualquier x. Espero sus reclamos, dichosos lectores.

Aquí les dejo dos vínculos que hablan más sobre el asunto en términos un poquitín más científicos:
Brain region for overcoming fear, anxiety found
Conquering your fearsm one synapse at a time

Imagen Vía Iftheshoefitz

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    # by Publio - 11 de julio de 2008, 4:50

    Al principio pensé que abordaría una temática como la de Umberto Eco de "la angustia de la influencia", pero veo que no es así, y en este caso no importa que tardes si es para un comentario tan interesante: lo he releído y me resulta cada vez más divertido.
    Ventus es medio puñal y no va a comentar algo como "estoy totalmente de acuerdo contigo porque..." nomás se va a reír y a dar un aplauso a solas para guardar su imágen y esto e suna lástima dado que el meollo sobre el Factor Angustiante proporcionado por La Cultura es muy significativo para entender esa angustia y su incierto génesis.
    De primera tengo que decirte que "x" no va a entender putamadre de lo que has dicho sobre "P" y, parafraseando lo que alguna vez leí al respecto, lo que se diga de la muerte corresponde únicamente a los vivos y debo agregar: a las fantasías e idiosincracia de éstos. No es la misma muerte la que persigue a un funcionario corrupto que la que espera un ladrón de Somalia: la que persigue al funcionario seguramente cojea.

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    # by Publio - 11 de julio de 2008, 5:03

    Finalmente y citando de nuevo a Eco: "El problema social y cultural no está representado por los granujas, sino por los merluzos [o sea forma muy decente de decir "x"]que evidentemente siguen siendo legión".

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    # by Nástenka - 12 de julio de 2008, 0:19

    ¿Qué puedo reprocharle a Umber? Sin duda, es bueno el muchacho.
    En cuanto a la legibilidad del texto, es altamente probable que sea cierto lo que dices, pero bueno, "¿cómo ser hombre y no ser estúpido?", acabo de leer por ahí. Sin duda, es un tema de reflexión al que me gustaría volver. Y quiero proponer, sobre tu pregunta (¿cuáles maestros deberían y cuáles no deberían dar clase?), que se haga una especie de "post" y no quede en los fondos subrepticios de los comentarios. Tú sabrás cómo ingeniártelas.

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    # by Publio - 12 de julio de 2008, 6:59

    No como que YO SABRÉ, no friegues. Habría que considerar muchas cosas, pero creo que la principal sería una crítica fundamenteda. A veces las diferencias con los profesores pueden obedecer a pasiones y no a razones y no se en qué grado la que parezca más objetiva está contaminada de ambos criterios.
    Más bien deberíamos de poner una tabulación con el nombre del profesor y para ello deberíamos de investigar su curriculum vitae para dar un marco y añadir una encuesta a ese "post", cosa que el sistema de la Universidad DEBE hacer y no hace a pesar de las promesas administrativas vale-pito. (Me encanta decir groserías cuando estoy hablando con propiedad).
    Así que debemos pensarlo primero y hacer algo que valga la pena y que sea en resúmen más constructivo que en detrimento de la persona por más mal que nos caiga, o cómo ves.

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