El empleo es sueño. Crónica de un fracaso anunciado 1


Me levantó agobiado de la cama. Por alguna extraña razón, en esas extrañas mañanas tapatías y mexicanas en general, donde el trinar de los pájaros no es tan inspirador como lo es para un asceta, un místico o un primermundista, creo que ese día, será el día. El día en que el "Mexican Dream" deje de ser simplemente una alucinación: voy a conseguir trabajo.
He comprado desde hace varias semanas, con el escaso dinero que pueden donarme, uno que otro diario tapatío en busca de alguna oferta de empleo, pero no cualquier oferta, la mejor, la única, la que he esperado tener desde que me di cuenta que el pan, la carne y el agua no llegaban a mi mesa por generación espontánea.
Reviso el primer diario y el segundo y hasta un tercero, a veces. Nada. ¿Dónde están las ofertas de "gerente regional, sin experiencia, contratamos de inmediato, único requisito: saber contar hasta el número un millón"? ¿O las ofertas de "Prestigada editorial internacional solicita escritor creativo para que cree el siguiente Best-seller del año, requisitos: saber escribir"?
Para la mayoría de nosotros, hay tres opciones en Guadalajara: estudiar una carrera, trabajar o hacer ambas. Pero aquí empieza el problema en México, si trabajo es porque necesito el dinero de inmediato, pero jamás podré "crecer" en una empresa, sin estudios; si estudio y trabajo, no haría ninguna de las dos cosas, ni conseguir el dinero suficiente para vivir por mi cuenta (recordamos que no tenemos aún el dichoso "título") ni tendría suficiente tiempo para destacar en mi carrera; y si sólo estudio, no sólo no tendría dinero, sino que además pienso (ilusamente en la mayoría de los casos) que "cuando tenga el título" todos morirán por contratarme. Pero, ¿qué pasa si estudio humanidades? ¿Qué pasa si soy uno de esos "junkies" de la UdeG o si soy un simple soñador y me la paso creyendo las palabras de Calderón de la Barca?
De pronto, en el diario aparece una luz, pienso en el Santo Grial o en El Dorado: una oferta sensacional: "Trabaja las horas que puedas a la semana supervisando a tus "socios" y percibiendo la mayor cantidad de dinero que es posible ganar trabajando una hora diaria". Son esos momentos gloriosos en los que veo la mano del Señor, pero lo que no veo es que su mano me está obnubilando el juicio; bien dicen que el Hombre no aprende con discursos ni acciones, sino sólo cuando la vida le pone un "madrazo".
Me dirijo hacia un edificio viejo, uno de tantos hermosos edificios derruidos e ignorados por las autoridades, en el que quizás se reunían los caudillos independentistas de la Nueva Galicia, o quizás tenían sus tertulias literarias Ignacio M. Altamirano, Guillermo Prieto o el "Nigromante". El edificio tiene una entrada semi-secreta y por un momento siento un aire de ilegalidad o de ilicitud en lo que hago pero, ¿qué es lo que hago? Estoy buscando empleo y eso no sólo no es ilegal, sino que es necesario.
Llego a un salón enorme conducido por una horrenda edecán y me doy cuenta de que no soy el único al que le atrajo semejante oferta: somos alrededor de 300 personas en un salón donde quizá mejor cabrían 200. Todos esperamos impacientes, la llegada del mensajero, el correveydile de los dioses del empleo, que llegue y nos diga: "Están todos contratados", o por lo menos yo. El caso es que llega alguien, sí, y comienza una perorata acalorada de quizás dos horas, una tortura inmensa: escucho palabras tan imaginarias o inverosímiles como "éxito", "mañana", "fortuna", "una hora" y "sólo unos perfumes".
Debo vender unos perfumes, como "acto de buena fe" (no son palabras mías), para mostrar mi compromiso con aquella empresa multimillonaria que se aloja en el legendario edificio de la Historia, desconocida y extravagante. Salgo a la calle, al igual que otras 299 almas en pena, y resuenan como un eco eliotiano aquellas últimas palabras: "Mañana mismo, después de vender sus perfumitos, forman parte de una empresa sólida, exitosa y duradera". Fue como escuchar aquél "vayan por todo el mundo y difundan la Buena Nueva".

Imagen Vía El País

  1. gravatar

    # by Publio - 24 de abril de 2008, 4:38

    Afortunadamente no me ha tocado a mi ese caso en particular, pero creo que a mucha gente sí. Son los mentados "perfumitos", empresas pirámide, empresas ojete. De verdad saben cómo engañar, después de escapar de esas "entrevistas" sales a la calle y piensas: qué poca madre.

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